El otro día, sin ir más lejos, tuve que ir a Almería por una cuestión de trabajo. Mi vuelo no era de una empresa de low-cost ni nada parecido. Aún así, mi viaje estaba patrocinado por Castilla y León es vida, eslogan de sobra conocido en este Blog y que me llena el corazón, pero que aún así resulta tremendamente ridículo cuando diriges tus pies (o tus alas) hacia una ciudad andaluza, costera y que no supera los 18ºC ni el 15 de enero. Pero a lo que voy: más publicidad.
A la mañana siguiente fui a la peluquería, cosa que hago sólo dos veces al año, coincidiendo con la poda. Por cierto, tengo un flequillo nuevo que me quita 5 años de encima (no presumo porque ahora parezco menor de edad y la gente no me toma en serio). La cuestión es que ahí estoy, recién coronada con mi toalla, cuando la peluquera se desmarca por la tangente y me cuela un spot requetensayado sobre un nuevo champú punta-seca-raíz-grasa-milagro-de-la-ciencia. Yo miro al espejo, que de una sola nos veo a las dos, y le pregunto con la mirada con quién está hablando. Ella aguanta el bote unos segundos con una amplia sonrisa y después vuelve en sí. Esto es el Show de Truman.
Pero esta misma semana ocurrió EL COLMO DE LOS COLMOS. Mi querido amigo Chema me pasa este vídeo grabado en la biblioteca de mi antigua facultad. El sonido es de una carpa promocional de pescado en lata que habían instalado en el patio del edificio. Repito. En el patio de la Facultad de Humanidades había una tienducha de más de 3 metros cuadrados cuyo sonido de ambiente no dejaba estudiar a los alumnos.
Se conoce que el CEU ya han perdido la noción de lo que es Bolonia, la inversión privada en la educación y demás. Y ahora confunden el hecho de que Repsol pague las investigaciones sobre energías renovables para quedarse las patentes, con que Atún Calvo les de cuatro duros por promocionarse en el patio con el libro de técnicas publicitarias del gilipollas de Ryanair.
Por cierto, hace 2 años el atún de la cafetería provocó 5 casos de salmonelosis entre el alumnado.


Brutal. Tanto el post (cada vez son aún mejores que los anteriores, enhorabuena) como el lamentable estado de la sociedad. Ya está todo dicho, así que sólo puedo añadir que la publicidad se ha convertido en un cáncer.
ResponderSuprimirPD: Lo siento por la gente que estudia publicidad, pero la verdad duele.
Justicia Encapuchada.
No has entendido. Es para ir preparando a los estudiantes de humanidades y que vayan aceptando que, con suerte, terminarán trabajando en una planta de envasado de atún. En el fondo es por su bien.
ResponderSuprimirGracias al "libro de técnicas publicitarias del gilipollas de Ryanair" puedes cruzarte Europa por 10€. Y los auxiliares de vuelo cobran por intentar colarte los perfumes, sólo faltaba.
ResponderSuprimirY entonces, ¿qué? ¿Me callo sus condiciones laborales de mierda? Eso sería como ignorar la precariedad de los reparteflyers de Gran Vía porque al fin y al cabo, les dan 4 duros por hacerlo.
ResponderSuprimirAdemás, las low-cost no sobreviven solo de la publicidad sino de una reducción de costes brutal que depende de muchas más cosas que el modelo de avión (ligero y de bajo consumo), la gestión telemática de pasajes, la reducción de salarios, ect.
De todas formas, ¿a tí no te abruma toda esta publi? Porque si no es así, dime qué desayunas.